viernes, 10 de enero de 2014

Los daltónicos dicen...


Los daltónicos dicen que la vida es rosa
Y yo me pregunto, ¿rosa? 
¿Cómo puede relacionarse la vida con ese color? 

Un color tan suave, utilizado con las pequeñas princesas,
todas esas niñas, ilusionadas, que llegan al mundo 
creyendo que este es un lugar hermoso, 
que todas sus vidas van a marchar bien, y que algún día
aparecerá un príncipe azul, que llenará sus vidas de dicha, 
como en los cuentos de hadas, que curiosamente, 
no es de este tal color. 
¿Casualidad? No lo creo. 

El rosa es el color de la decepción 
de todas esas almas inocentes 
que cuando conozcan a esos tales príncipes
podrán calificarlos de todas las formas 
menos con el adjetivo de príncipe. 

De la frustración de ver que el que las llamaba princesa
y que poseen su propia sangre,
van con el tiempo olvidándolas,  y depositándolas en
un viejo baúl que nunca más volverá 
a ser abierto. 

No, la vida no es rosa. 
La vida es roja, el color de la pasión, 
de los extremos, porque si Aristóteles decía 
que la virtud está en el término medio, la vida es todo lo contrario, 
de la subjetividad, de todas esas cosas que no nos explican en los libros,
de lo que podemos solo analizar en nuestra sangre, 
y que nunca podemos ver. 

Los daltónicos como yo dicen  
que la vida es roja, 
sin embargo, 
todos se equivocan. 







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