martes, 29 de octubre de 2013
Pájaro sin alas, como día sin sol
Escrito por
Isabel Castellano
Nunca fui cuadriculada. Nunca me gustó el orden. Lo mio era la pasión, actuar en el momento.
Perderme, eso me gustaría. Perderme entre las sombras, entre las almas, entre la multitud.
Olvidarme de las cosas, de todo absolutamente, pero en especial del reloj. No volver a mirarlo hasta que no lo crea conveniente.
Acabar en un sitio que nunca imaginé. No tener nada planeado. Y que me de igual.
No tener que pensar en los plazos, en el horario, ni en el adiós.
Perder trenes, llegar tarde, eso quiero. Porque si pierdes algo así, es porque estabas haciendo algo importante, por lo que merecía la pena ignorar lo demás, para saborearlo un poco más.
Yo solo quería un juego de niños, no algo de adultos, con lo que quebrarme la cabeza. Amé el nerviosismo, la energía. Odié la calma. La tranquilidad no era para mí.
Convertir mi rutina en algo totalmente opuesto a lo que esta palabra implica. No necesitaba otra responsabilidad más. Yo solo quería poder comportarme de manera espontanea con alguien. Y que ese alguien se comportarse de la misma manera conmigo.
Pasear bajo el sol de mi mágica Sevilla, y tener que pararme cada tres pasos para besarte. No avanzar, ni siquiera que fuese necesario hacerlo. Ir lentamente. Sin cansarme. No tener que huir de nada. Ni tener que llegar a ninguna parte, a ningún destino predeterminado.
Simplemente, dejarme llevar. Pero tienes que planificar cada mínimo segundo de mi existencia.
Pretendes enjaular algo que es espiritualmente libre. Pretendes encerrar mi alma para que se quede a tu lado. Pero realmente, no puedes encarcelar algo inocente, que no es físico.
Una crueldad es enjaular a un ave, a un pequeño pajarito, pero más cruel es cortarle sus dulces alas, para que no pueda volver a volar.
Perderme, eso me gustaría. Perderme entre las sombras, entre las almas, entre la multitud.
Olvidarme de las cosas, de todo absolutamente, pero en especial del reloj. No volver a mirarlo hasta que no lo crea conveniente.
Acabar en un sitio que nunca imaginé. No tener nada planeado. Y que me de igual.
No tener que pensar en los plazos, en el horario, ni en el adiós.
Perder trenes, llegar tarde, eso quiero. Porque si pierdes algo así, es porque estabas haciendo algo importante, por lo que merecía la pena ignorar lo demás, para saborearlo un poco más.
Yo solo quería un juego de niños, no algo de adultos, con lo que quebrarme la cabeza. Amé el nerviosismo, la energía. Odié la calma. La tranquilidad no era para mí.
Convertir mi rutina en algo totalmente opuesto a lo que esta palabra implica. No necesitaba otra responsabilidad más. Yo solo quería poder comportarme de manera espontanea con alguien. Y que ese alguien se comportarse de la misma manera conmigo.
Pasear bajo el sol de mi mágica Sevilla, y tener que pararme cada tres pasos para besarte. No avanzar, ni siquiera que fuese necesario hacerlo. Ir lentamente. Sin cansarme. No tener que huir de nada. Ni tener que llegar a ninguna parte, a ningún destino predeterminado.
Simplemente, dejarme llevar. Pero tienes que planificar cada mínimo segundo de mi existencia.
Pretendes enjaular algo que es espiritualmente libre. Pretendes encerrar mi alma para que se quede a tu lado. Pero realmente, no puedes encarcelar algo inocente, que no es físico.
Una crueldad es enjaular a un ave, a un pequeño pajarito, pero más cruel es cortarle sus dulces alas, para que no pueda volver a volar.
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