jueves, 21 de noviembre de 2013
Contigo aprendí
Escrito por
Isabel Castellano
Contigo aprendí infinidad de cosas.
Contigo aprendí a creer en las oportunidades.
Contigo aprendí a involucrarme.
Contigo aprendí que podía ser útil para alguien y para algo.
Contigo aprendí que con ilusión podía llegar lejos en esta vida.
Contigo aprendí que las noches en vela trabajando tenían recompensas.
Contigo aprendí que las cosas pueden cambiar en un momento.
Contigo me cercioré de dos teorías que siempre había tenido presentes: que las personas nunca cambian, solo tardan un poco en mostrar lo que realmente son, y que el poder corrompe lo que incluso ya estaba corrupto.
Contigo aprendí que la misma persona que al principio te echó una mano, podía ser la misma que más tarde te la eche al cuello.
Contigo aprendí que el que aparenta saber de todo, al final no sabe de nada.
Contigo odié a los ciegos voluntarios, aquellos que piensan estar siempre acertados en sus decisiones, y que aplican la regla de "Todo el mundo se equivoca" marcando la excepción en ellos mismos.
Contigo aprendí que todo tiene un interés en esta vida, y este rige por encima de las amistades, la dignidad o incluso la propia valía.
Contigo aprendí que hay personas que solo quieren hundirte, normalmente porque suelen tenerte miedo.
Contigo aprendí a que hay que patalear para que estos no consigan su propósito, y probar cada día que no podrán contigo, aunque por dentro no tengas fuerzas para seguir adelante.
Contigo aprendí que no debía tomarme todas las críticas al pie de la letra, porque algunas solo tenían como objetivo destruirme.
Contigo aprendí a quererme a mi misma, a reforzar mi identidad, y a no querer cambiarla por nada del mundo.
Contigo aprendí que la edad no importaba, que no era necesario ser más adulta para ser más madura, como tantas veces te demostré al no ponerme a tu nivel.
Pero lo más importante que aprendí contigo, es que realmente no me enseñaste nada. Fui yo misma quien tuvo que sacar sus propias conclusiones. Nunca tuviste la intención de ayudarme, solamente me utilizabas a tu gusto y conveniencia. Pero, ¿Sabes qué? Que todo te salió de la manera equivocada, porque sin quererlo me abriste los ojos, y conseguí sacar algo bueno de todo esto. Y no necesito venganza, porque no creo en ella, yo solo creo en el arte. Y el arte es la mejor venganza. Porque al fin y al cabo, contigo aprendí a sacar mi propia moraleja. Y tranquilo, en esta ocasión no fui yo la que perdió nada.
Contigo aprendí a creer en las oportunidades.
Contigo aprendí a involucrarme.
Contigo aprendí que podía ser útil para alguien y para algo.
Contigo aprendí que con ilusión podía llegar lejos en esta vida.
Contigo aprendí que las noches en vela trabajando tenían recompensas.
Contigo aprendí que las cosas pueden cambiar en un momento.
Contigo me cercioré de dos teorías que siempre había tenido presentes: que las personas nunca cambian, solo tardan un poco en mostrar lo que realmente son, y que el poder corrompe lo que incluso ya estaba corrupto.
Contigo aprendí que la misma persona que al principio te echó una mano, podía ser la misma que más tarde te la eche al cuello.
Contigo aprendí que el que aparenta saber de todo, al final no sabe de nada.
Contigo odié a los ciegos voluntarios, aquellos que piensan estar siempre acertados en sus decisiones, y que aplican la regla de "Todo el mundo se equivoca" marcando la excepción en ellos mismos.
Contigo aprendí que todo tiene un interés en esta vida, y este rige por encima de las amistades, la dignidad o incluso la propia valía.
Contigo aprendí que hay personas que solo quieren hundirte, normalmente porque suelen tenerte miedo.
Contigo aprendí a que hay que patalear para que estos no consigan su propósito, y probar cada día que no podrán contigo, aunque por dentro no tengas fuerzas para seguir adelante.
Contigo aprendí que no debía tomarme todas las críticas al pie de la letra, porque algunas solo tenían como objetivo destruirme.
Contigo aprendí a quererme a mi misma, a reforzar mi identidad, y a no querer cambiarla por nada del mundo.
Contigo aprendí que la edad no importaba, que no era necesario ser más adulta para ser más madura, como tantas veces te demostré al no ponerme a tu nivel.
Pero lo más importante que aprendí contigo, es que realmente no me enseñaste nada. Fui yo misma quien tuvo que sacar sus propias conclusiones. Nunca tuviste la intención de ayudarme, solamente me utilizabas a tu gusto y conveniencia. Pero, ¿Sabes qué? Que todo te salió de la manera equivocada, porque sin quererlo me abriste los ojos, y conseguí sacar algo bueno de todo esto. Y no necesito venganza, porque no creo en ella, yo solo creo en el arte. Y el arte es la mejor venganza. Porque al fin y al cabo, contigo aprendí a sacar mi propia moraleja. Y tranquilo, en esta ocasión no fui yo la que perdió nada.
Fotografía realizada por: Noelia Catalán
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